Reconfiguración del eje político en Chile: Elección presidencial, clivajes ideológicos y crisis de la agenda identitaria / Reconfiguration of the Political Axis in Chile: Presidential Election, Ideological Cleavages, and the Crisis of Identity Politics

Las elecciones presidenciales suelen ser interpretadas como mecanismos de alternancia democrática; sin embargo, en ciertos contextos adquieren un carácter estructural al revelar transformaciones profundas en las orientaciones ideológicas de una sociedad. La reciente elección presidencial en Chile se inscribe en esta categoría. El triunfo de José Antonio Kast no solo implica un cambio de signo político en el Ejecutivo, sino que evidencia una reconfiguración del eje político que había predominado desde el retorno a la democracia. Este artículo propone que el resultado electoral debe ser entendido como la culminación de un proceso iniciado con el plebiscito constitucional del 4 de septiembre de 2022, en el cual emergió un nuevo clivaje político que desplazó progresivamente el eje gobierno militar versus democracia. En este contexto, la izquierda gobernante enfrentó crecientes dificultades para articular un discurso capaz de interpelar mayorías sociales amplias. Diversos autores han señalado que uno de los dilemas centrales de la izquierda contemporánea radica en la tensión entre agendas universalistas y agendas particularistas. Tradicionalmente, la izquierda chilena estructuró su discurso en torno a problemas universales —pobreza, desigualdad, movilidad social— que afectaban a grandes mayorías y otorgaban legitimidad transversal a sus propuestas. Según el análisis de Carlos Peña, durante los últimos años este eje fue progresivamente reemplazado por una agenda centrada en identidades, minorías y reivindicaciones simbólicas, desplazando del centro del debate las condiciones materiales de vida. Esta mutación discursiva habría generado una fractura entre la izquierda institucional y amplios sectores ciudadanos, especialmente aquellos más expuestos a problemas de inseguridad, estancamiento económico y precariedad laboral. Desde esta perspectiva, la derrota electoral no sería el resultado de una coyuntura específica, sino la manifestación de un desalineamiento estructural entre oferta política y demanda social.

Los resultados de la segunda vuelta presidencial refuerzan esta interpretación. José Antonio Kast obtuvo el 58,17% de los votos frente al 41,83% de Jeannette Jara, convirtiéndose en el presidente electo más votado de la historia de Chile. Aunque el porcentaje no alcanzó el nivel del rechazo constitucional de 2022 (61,86%), la proximidad entre ambos resultados sugiere una continuidad del clivaje político emergente en dicho plebiscito.

Desde el punto de vista territorial, el triunfo de Kast fue excepcionalmente amplio: se impuso en todas las regiones del país y en 307 de las 346 comunas. Este patrón territorial contrasta con elecciones previas, en las que la izquierda conservaba una base comunal significativa incluso en escenarios de derrota. El desempeño de Janet Jara —con solo 39 comunas ganadas— constituye el peor resultado territorial de la izquierda desde 1990.
Estudios recientes de Guzmán y Fernández (Universidad del Desarrollo) muestran una alta correlación entre el voto por el rechazo constitucional en 2022 y el apoyo a Kast en 2025 (coeficiente 0,895). Asimismo, el análisis de transferencia de votos indica que Kast capturó de manera desproporcionada el electorado de candidatos eliminados en primera vuelta, particularmente de Evelyn Matthei, Franco Parisi y Johannes Kaiser.
El comportamiento electoral también presenta patrones sociológicos consistentes. Kast obtuvo mayores niveles de apoyo en comunas rurales, con menor escolaridad promedio y con mayor presencia de población evangélica. En estos territorios, el discurso de orden, estabilidad, crecimiento económico y autoridad estatal parece haber resonado con mayor fuerza que las narrativas identitarias promovidas por el oficialismo. 
Por el contrario, Jeannette Jara concentró su apoyo en comunas urbanas específicas, de mayor densidad poblacional y con tradición de voto progresista, particularmente en ciertos sectores de la Región Metropolitana. No obstante, estos enclaves resultaron insuficientes para contrarrestar la magnitud del desplazamiento electoral a nivel nacional.
Un elemento central para comprender el desenlace electoral es la crisis política del gobierno de Gabriel Boric tras la derrota constitucional de 2022. El propio oficialismo había planteado la aprobación de la nueva Constitución como condición necesaria para implementar su programa de gobierno. Su rechazo dejó al Ejecutivo sin un horizonte programático claro, debilitando su capacidad de liderazgo y de articulación discursiva.
En este contexto, la candidatura de Jeannette Jara, surgida de las primarias oficialistas, fue percibida como una propuesta de continuidad en un escenario donde el continuismo carecía de legitimidad social. El bajo rendimiento en la primera vuelta (26,8%) anticipó una derrota prácticamente inevitable en la segunda.
La elección presidencial no debe interpretarse únicamente como un cambio de gobierno, sino como un proceso de reordenamiento del sistema político chileno. Los resultados sugieren el agotamiento de la política identitaria como estrategia hegemónica de la izquierda y una demanda ciudadana por enfoques más pragmáticos, centrados en crecimiento económico, seguridad y gestión eficiente del Estado.
En este sentido, la derrota de la izquierda es tanto electoral como conceptual. 
La reconfiguración del eje político chileno plantea desafíos significativos para la reconstrucción de un proyecto progresista capaz de reconciliar justicia social con universalismo, gobernabilidad y eficacia institucional. El profesor de la Universidad de Nueva York, Patricio Navia dijo que si el gobienro de Kast hace un buen trabajo, la ciudadania continuará apoyando a la derecha, todo depende de eso para poder mantenerse en el poder, indpendientement del apoyo a Parisi u otra alternativa.  
La gobernabilidad será un reto para el gobierno de Kast, dada la experiencia vivida por el último presidente de derecha, Sebastian Piñera, quién vivió momentos de inestabilidad, con protestas y ataques violentos, lideredos por una oposición de izquierda antidemocrática, que lideró dicha situación y no coopero para tener minimos niveles aceptables de gobenabilidad. 
Chile debe volver a crecer, ver este periodo de 10 a 12 años donde perdió la brújula, como un sobresalto, donde una intxicación ideológica los hizo perder el rumbo por una lapso de tiempo. La herramientas están ahí, afortunadamente no se lograron cambiar las bases del modelo, no se logró modificar la constitución y puede volver al crecimiento y a lograr ser el primer país en Latinoamérica en llegar al desarrollo. Como menciono en mi libro Libertas: Ideas de Libertad que Impulsan el Desarrollo, Chile estuvo tan cerca de lograrlo, solo era cosa de mantener el rumbo unos años más, pues bien ahora se da esa oportunidad nuevamente, tomar las lecciones aprendidas que el desarrollo no se puede dar por sentado, como Thomas Sowell indica, siempre estar atento a un cambio de rumbo, para poder corregir la trayectoria. La innovación es siempre necesaria, porque los contextos cambian, y se debe ir dando ajustes, paulatinos, pero certeros, con el objeto de continuar progresando, ojalá así sea. 


Presidential elections are often interpreted as mechanisms of democratic alternation; however, in certain contexts they acquire a structural dimension by revealing deeper transformations in a society’s ideological orientations. The recent presidential election in Chile belongs to this category. The victory of José Antonio Kast not only implies a change in the political orientation of the Executive, but also signals a reconfiguration of the political axis that had prevailed since the return to democracy.
This article argues that the electoral outcome should be understood as the culmination of a process initiated with the constitutional plebiscite of September 4, 2022, in which a new political cleavage emerged, gradually displacing the traditional “dictatorship versus democracy” axis. Within this context, the governing left faced increasing difficulties in articulating a discourse capable of mobilizing broad social majorities.
Several scholars have noted that one of the central dilemmas of the contemporary left lies in the tension between universalist and particularist agendas. Historically, the Chilean left structured its discourse around universal issues—poverty, inequality, and social mobility—that affected large majorities and conferred broad legitimacy on its political projects.
According to the analysis of Carlos Peña (2025), in recent years this axis was progressively replaced by an agenda centered on identities, minorities, and symbolic claims, displacing material living conditions from the core of political debate. This discursive shift generated a widening gap between the institutional left and broad segments of the citizenry, particularly those most exposed to insecurity, economic and labor stagnation.
From this perspective, the electoral defeat should not be understood as the result of a specific political conjuncture, but rather as the manifestation of a structural misalignment between political supply and social demand.
The results of the presidential runoff reinforce this interpretation. José Antonio Kast obtained 58.17% of the vote compared to 41.83% for Janet Jara, becoming the most-voted president-elect in Chilean history. Although this percentage did not reach the level of the 2022 constitutional rejection vote (61.86%), the proximity between the two outcomes suggests continuity in the political cleavage that emerged during that plebiscite.
From a territorial perspective, Kast’s victory was exceptionally broad: he prevailed in all regions of the country and in 307 of Chile’s 346 municipalities. This territorial pattern contrasts sharply with previous elections, in which the left retained a significant municipal base even in defeat. Janet Jara’s performance—winning only 39 municipalities—constitutes the weakest territorial showing by the left since 1990.
Recent studies by Guzmán and Fernández (Universidad del Desarrollo) demonstrate a strong correlation between the rejection vote in the 2022 constitutional plebiscite and support for Kast in 2025 (correlation coefficient 0.895). Furthermore, vote-transfer analysis shows that Kast disproportionately captured the electorate of candidates eliminated in the first round, particularly those of Evelyn Matthei, Franco Parisi, and Johannes Kaiser.
Electoral behavior also reveals consistent sociological patterns. Kast achieved higher levels of support in rural municipalities, areas with lower average levels of schooling, and localities with a higher presence of evangelical populations. In these territories, the discourse of order, stability, economic growth, and state authority appears to have resonated more strongly than the identity-based narratives promoted by the governing coalition.
By contrast, Jeannette Jara concentrated her support in specific urban municipalities with higher population density and a tradition of progressive voting, particularly in certain areas of the Metropolitan Region. Nevertheless, these enclaves proved insufficient to offset the magnitude of the national electoral shift.
A central element in understanding the electoral outcome is the political crisis experienced by the government of Gabriel Boric following the defeat of the 2022 constitutional project. The governing coalition had explicitly framed the approval of the new Constitution as a necessary condition for implementing its governmental program. Its rejection left the Executive without a clear programmatic horizon, weakening its political legitimacy and its capacity for discursive leadership.
In this context, the candidacy of Jeannette Jara, emerging from the governing primaries, was widely perceived as a proposal of continuity in a scenario in which continuity itself lacked social legitimacy. Her weak performance in the first round (26.8%) foreshadowed an almost inevitable defeat in the runoff.
The presidential election analyzed in this paper should not be interpreted merely as a change in government, but rather as a process of reordering within the Chilean political system. The results suggest the exhaustion of identity politics as a hegemonic strategy of the left, alongside a growing societal demand for more pragmatic approaches centered on economic growth, security, and effective state management.
In this sense, the defeat of the left is both electoral and conceptual. 
The reconfiguration of Chile’s political axis poses significant challenges for the reconstruction of a progressive project capable of reconciling social justice with universalism, governability, and institutional effectiveness. New York University professor Patricio Navia said that if Kast's government does a good job, the citizens will continue to support him; everything depends on that to ensure the right stays in power, regardless of support for Parisi or another alternative. 
Governance will be a challenge for Kast's government, given the experience of the last right-wing president, Sebastian Piñera, who lived through periods of instability, with protests and violent attacks, led by an anti-democratic left-wing opposition that orchestrated the situation and did not cooperate to achieve even minimally acceptable levels of governability.
Chile must return to growth. This 10- to 12-year period, during which it lost its way, should be seen as a brief setback, a moment of ideological intoxication that caused it to lose its bearings for a time. The tools are there; fortunately, the foundations of the model were not altered, the constitution was not modified, and Chile can return to growth and become the first country in Latin America to achieve development. As I mention in my book, *Libertas: Ideas of Freedom that Drive Development*, Chile came so close to achieving this; it was simply a matter of maintaining its course for a few more years. Now, that opportunity has arisen again. It must learn from the lessons learned that development cannot be taken for granted, as Thomas Sowell indicates, and always be attentive to a change of course in order to correct its trajectory. Innovation is always necessary because contexts change, and adjustments must be made gradually but precisely to continue progressing. Let's hope so.





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